Sábado, 18 de mayo de 2013
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21.05.09 - Chile
Elecciones 2009 en Chile: Que penoso espectáculo
Pablo Jofré Leal
Corresponsal de Adital en Chile
Adital

Las acusaciones van y vienen como si de una pelea de niños se tratase: tú eres más privatizador que yo ¡¡¡¡mentira!!!! Tú lo fuiste más en tu período y además le regalaste dinero a los golpistas en plena dictadura. Aaaaaaaah pero tú tienes ex pinochetistas faranduleros en tu comando. Aaaaaaaaaaah pero tú eres de un partido que fue golpista. ¡claaaaaaaro! pero tú profitas de un apellido que ya no tiene nada que ver con tu historia presente. Y, así nos hemos pasado los últimos días escuchando a dos candidatos que se las están tirando con todo mientras el más ruin, el más nefasto de todos se frota las manos como lo hacía antes de ganar millones de dólares con la traición a los accionistas de Endesa. Ese aprovecha la guerra de verborragia de los candidatos “progresistas” para seguir amasando apoyo como lo ha hecho con su fortuna, es decir en base a la mera especulación.

A esta altura del espectáculo sólo falta que anime Belencita Hidalgo, con la pluma rosada de la Jiles, con la rubia esposa de Marco, y acompañada de la ahora juvenil Martita: Es parte del show que vive nuestro país con la más baja de las pugnas por llegar a La Moneda, que ha vivido Chile en su historia. Aquí ya no vale aquello de “que gane el menos malo” porque cada uno de ellos: Arrate, Navarro, Frei, Piñera Enríquez, Jiles y cualquiera que quiera levantar cabeza son lo peor del último tiempo, y conste que al menos dos se repiten el plato.

Estamos en un momento nefasto en nuestra breve historia democrática. Si existe una palabra que pueda resumir lo que percibo de este momento político es de sordidez y ello porque este concepto está íntimamente ligado a lo que da vergüenza, a lo que hace esconder la cabeza entre las manos, lo que hace dudar de la capacidad e inteligencia del ser humano. A lo que hace exclamar ¡que  hemos hecho para merecer esto! ¿Tan pecador soy? Dirá un creyente pero es que con tal espectáculo dan ganas de encomendarse a algún dios de aquellos que pueblan el imaginario de creencias de los que estamos necesitando alguna explicación supraterrena.

Y es sórdido pues los que ayer se daban las manos y se alababan y gozaban del mismo champagne palaciego hoy se dan con todo con tal de aparecer en la parrilla de largada en las próximas elecciones. Lo que sucede en el mundillo político es de una obscenidad que raya en la porquería más abyecta. Brotan los trapitos sucios a la luz de las elecciones, brota la mala leche, la acidez nauseabunda, brota el joder al otro a como de lugar con tal que La Moneda se vea un paso más cercana. Propongo instaurar el premio, una distinción honorífica para el más impúdico de los candidatos. Los que hablan porque tienen presencia y los que no porque la prensa no los agarra ni en bajada.

Pero, también creo que más indecente que lo mencionado es nuestro actuar como ciudadanos, obligados a mirar como espectadores lerdos y sin uso de neuronas este espectáculo televisivo, escrito y radiofónico. De una sarta de sanguijuelas que se aferran al poder en todas sus formas: político, económico, comunicacional, sacando todo lo que puedan sacar de sus situaciones de privilegios, de sus contactos y de sus amistades, del nepotismo que los tiene instalados en los lugares de poder y mando del país, léase en el gobierno, en las empresas, en la televisión, en los medios escritos, en el imaginario colectivo.

Nuestra democracia se pudre cada día más y se pudre frente a nosotros, por nuestra pasividad, por no ser capaces de hacer práctica “el que se vayan todos” y me refiero a gran parte de esta tropa de políticos profesionales que son los mismos: padres e hijos, y hasta padrastros e hijastros según sea el vínculo. Maridos y esposas, nietos, sobrinos y cuñados, ex esposos y amantes. Artistas del vodevil de la política. Nuestra democracia está perdida porque nosotros la dejamos morir, bajo el esquema de “la justicia en la medida de lo posible” del temor a no despertar a los poderes fácticos, a lo medroso que hemos sido de no causar un movimiento telúrico que termine con toda la pléyade de los mismos de siempre.

La democracia está putrefacta porque nosotros hemos permitido que unos cuantos, que les importa un bledo esto de la democracia y del poder delegado por el pueblo, han campeado como dueños de fundo por nuestra larga geografía, ocupando posiciones de poder que nos pertenecen a todos, posiciones políticas de enorme responsabilidad muy bien remuneradas, para que finalmente sólo se aceiten los bigotes entre unos cuantos

Políticos y empresarios se hacen socios en el reparto del botín que significa un Estado cada día más jibarizado, aunque algunos crean que no son privatizadores por sólo querer vender el 5% de la empresa que permite sostener políticas sociales más justas. Un 5 o un 100% es la misma joda, nada cambia la mentalidad. Por qué los empresarios no compraron las minas de carbón de Lota, Lebu o Coronel, porque no hacen allí las maravillas que dicen hacer. Lisa y llanamente porque a estos empresarios de poca monta hay que darles papita molida, que la mastiquen sin ver afectados sus dientes, de tal forma que escupan sobre el Estado cuando les va bien y llamen a Papá fisco cuando las cosas no van como sus expertos gurúes económicos (esos buhoneros del disparate del que habla Krugman) le pronostican.

Por qué aceptar la misma cantinela respecto a que hay que rebajar el tamaño del Estado, por qué aceptar que nos digan que el mercado debe arreglar lo que sabemos no es capaz. Empresarios cuya mentalidad es que las ganancias son privadas y las pérdidas sociales, total los Moya seguirán existiendo a lo largo de esta historia chilena. Empresarios y políticos (ambos en la mayoría de las ocasiones, unidos como hermanos) se juntan en sus bacanales y francachelas. Se unen para forrarse a costa del estado (que dicho sea de paso somos nosotros)

Esta elección 2009 es una vergüenza de marca mayor pues es más de lo mismo. Es la misma mona vestida con un satín distinto, aparentemente. La realidad es que los poderes que están en pugna en estas elecciones pero se temen y tantean sin provocarse mucho daño. Hay que protegernos es la consigna pues saben, que finalmente los dueños son los mismos de siempre. Y si no les resulta siempre existirá el recurso de alejarse del partido de turno, fundar otro y negociar desde allí cupos parlamentarios, sillones de ministerios, cupos en embajadas, directorios de empresas en fin, siempre habrá jugo para el que tenga sed.

En nuestro país los políticos profesionales se protegen entre ellos, porque es un mundo pequeño, no vaya a ser que se acabe el jolgorio del reparto. Se protegen como la Iglesia a sus curas y obispos pedófilos. No vaya a ser que los cimientos de la Iglesia de Jesucristo se tambalee sin ahondamos mucho en la indecencia de la corrupción. Estamos apostando poco por la decencia porque en todo plano esta se impone. No hablo de la decencia de la moralina católica o de aquella que evita profundizar en las necesidades e nuestra sociedad. Hablo de la indecencia de aquellos mínimos que se aprovechan de los más. La decencia en política ya no cotiza, no existe un Dow Jones de la decencia.

Si existiera la depresión sería ese el estado permanente. Pero, algo que saben los candidatos pero que no lo dicen es que a la hora de tener el poder de gobierno en sus manos el “otra cosa es con guitarra” se impone y allí mismo se olvidan las promesas, los juramentos y las discrepancias con sus contendores políticos y ahora la dura realidad les dice – por el bien del país por supuesto – que hay que imponer la política del consenso “no vaya a ser que los disensos, los rebeldes, los que nunca están conformes, los que quieran recordarnos nuestras promesas se enojen y quieran que la decencia ocupe nuestros actos”.

Cuando escucho a Enríquez, a Frei, a Piñera, a Arrate, a la Jiles y a Navarro oigo el ruido de la estupidez, del hablar, del tratar de descubrir el mar cuando “este se demuestra pero nadando” como sostiene el Viejo Gonzalo Rojas. Este sistema en el que vivimos, gozamos y sufrimos, como todo en la vida se ha vaciado de contenido, como vaciado esta de ideas de los candidatos que sueñan con dar el golpe político en el momento de más rating televisivo. El sistema se está devorando a si mismo y no hacemos nada por modificar este estado de cosas. “Por mi culpa, por mi culpa por mi gran culpa” decía el beato. Y parece ser que esa debe ser nuestra consigna. La única arma que va quedando en estos días – y perdónenme los viejos camaradas – es este voto baboso y maloliente, el único instrumento que el nuestro país manso como aquel cordero que se lleva al matadero es capaz de usar y generalmente mal.

Quieren nuestro voto y saben cuál es el problema, se los vamos a dar.

Mi llamado es a no darles nada, a sacarles la careta, a humillarlos con un No grande y alto como el Everest. Quieren nuestro voto pero también nuestra cotidiana mudez. Quieren nuestro silencio para seguir profitando del poder. Los Enríquez y Frei, Los Piñera y Arrate, los Navarros y los Jiles (uno en esto también a los giles contumaces) quieren nuestro silencio pues ese les permite seguir viviendo en la sordidez en que han sumergido la vida política. Nada va a cambiar si callamos y otorgamos como cobardes. Hora de alzar las manos, los puños, las piernas, el cuerpo entero y no tragarse más este cuento de aparente lucha política. Nuestros candidatos tienen sólo la careta de democrático e inteligentes pues cada uno de ellos con sus declaraciones, berrinches y acusaciones lo que hacen es demostrar que se trata de la misma mierda pero con un olor un tanto diferente.

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