(Viene de Parte I)
Previsión y desigualdad
Las Administradoras de Fondos Previsionales (AFP) nacieron bajo el discurso de la derecha y la tecnocracia liberal de que responderían a la crisis del sistema público y que, sobre la base de aportes individuales de los cotizantes, darían plena satisfacción a los jubilados de nuestro país. No ha sido así. En realidad, las AFP generaron jugosas y millonarias ganancias a sus dueños, construyendo lujosos edificios y pagando altos sueldos a sus ejecutivos. Esto ha sido posible gracias a la alta tasa de rentabilidad media anual de las AFP, que fue en el período 1997-2003 de 30%, más del doble que resto de las actividades económicas. Entretanto, la rentabilidad en favor de los cotizantes del sistema en el mismo período apenas supera el 6%, con cobros por administración cercanos al 20%.
Durante el gobierno de la Presidenta Bachelet se impulsó y se aprobó una reforma Previsional. Aquella reforma no buscó modificar estructuralmente el sistema de las AFP, sino más bien y coherente con la orientación de Estado subsidiario, estableció un llamado pilar solidario mediante un fondo en que el Estado cubre el total o un porcentaje de las pensiones de los jubilados que se encuentran bajo la línea de la pobreza.
Apertura internacional indiscriminada
Los tratados de libre comercio constituyeron para la Concertación gobernante un eje central y distintivo de su estrategia de desregulación y apertura indiscriminada. La apertura negociada con los países industrializados unida a una apertura unilateral muy radical ha profundizado e incrementará aún más, las desigualdades, por no aplicarse los resguardos correspondientes. En efecto, al no existir una política deliberada para avanzar a favor de la producción de bienes y servicios procesados las fuerzas de las ventajas comparativas reforzaran el patrón de especialización tradicional que caracteriza la estructura económica de Chile. Por tanto, sin un replanteamiento estratégico a nivel productivo, la inserción internacional por la que ha optado Chile ampliará su condición de exportador de recursos naturales y ha inhibido severamente la posibilidad de generar mayor actividad productiva en sectores de mayor valor agregado nacional. Ello limitará el crecimiento y la creación de empleo.
La apertura indiscriminada fue desarrollada con total ausencia de instrumentos de protección compensatorios frente a la baja de aranceles golpeando a sectores que no tenían y aún no cuentan con una adecuada capacidad competitiva, y sin atender debidamente la fragilidad de los pequeños empresarios manufactureros, colocando a los productores locales en situación de desprotección frente a exportadores mundiales.
Sistema Binominal y exclusión política para asegurar la reproductividad del modelo
La exclusión política del Partido Comunista y de sectores antisistémicos sociales y de otros sectores de izquierda socialista, fue materializada electoralmente por el sistema binominal impuesto y reproducida como sentido común mayoritario gracias a un férreo control conservador de los principales medios de comunicación. Toda crítica o propuesta que apuntara a la transformación estructural del sistema imperante era invisibilizada o descalificada como una actitud o conducta política testimonial, marginal o irresponsable.
El sistema electoral binominal como mecanismo reproductor/garante de la Constitución neoliberal impuesta en los ochenta por la dictadura de Pinochet prevaleció en el Chile de la post dictadura. Impidiendo -como señala acertadamente el sociólogo peruano Nicolás Lynch al referirse a los procesos de transición en AL-que se cumpliera mínimamente la promesa de cualquier democracia representativa; esto es, que los sacrificios de la mayoría en los ámbitos de la economía y la sociedad sean recompensados por la igualdad en la política, lo que otorga al menos la esperanza de mejorar la situación de la sociedad en el futuro. En coherencia con lo anterior y pesar de algunas reformas importantes y positivas materializadas por los gobiernos de la Concertación, el dominio absoluto del mercado, permitido y reproducido por el Estado neoliberal, impidió la consolidación de la democracia chilena.
La Constitución de 1980 permitía la designación corporativa de un quinto de los senadores sin elección ciudadana; establecía un Consejo de Seguridad con facultades de decisión frente a eventos que se estimasen de peligro para el país; y, le impedía al Presidente reemplazar a los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas. Estas disposiciones constitucionales fueron recién eliminadas por el Parlamento en julio del 2005. Sin embargo, las reformas no incluyeron la abolición del sistema electoral binominal, que es la base de la desigualdad política y de la desafección ciudadana.
En efecto, el sistema electoral binominal cierra totalmente las puertas a la representación parlamentaria de la tercera fuerza y le entrega a la segunda fuerza un grado de representación que no le corresponde. Consecuentemente, dicho sistema tiene alta responsabilidad en la masiva ausencia del ejercicio ciudadano democrático, al convertir a las elecciones parlamentarias en un acto cuyos resultados están en gran medida predeterminados. Este hecho hace que las elecciones se decidan en los locales partidarios ya que en un alto porcentaje el diputado o senador elegido por alguno de los dos bloques políticos tendrá asegurada su silla en el Congreso.
La derecha se ha aferrado al sistema electoral binominal para asegurarse una representación parlamentaria que sería sustancialmente más baja en un sistema proporcional. Con ello ha establecido un veto parlamentario en su favor, que hace imposible impulsar los cambios que la sociedad demanda por mayor equidad y participación real. Pero, por otra parte, la Concertación tampoco hizo esfuerzos sistemáticos y reales por modificar el sistema electoral, ya que ello permite a los dirigentes tradicionales de sus partidos asegurar cuotas de poder e impedir el acceso de camadas jóvenes a las instancias de representación ciudadana y de dirección en el bloque de gobierno.
Socialismo, progresismo y crisis de representación
Durante los 20 años de Concertación el Partido Socialista de Allende abandonó su alianza histórica con el Partido Comunista y otras fuerzas de izquierda, reemplazándola por una alianza con la Democracia Cristiana, alianza autodenominada progresista que se constituyó sobre el abandono de la organización movilización social y ciudadana bajo una hegemonía ideológica y sobre todo programática de centro derecha tecnocrática construida sobre una amplia y singular transversalidad.
La crisis de representación generada por el binominal y 20 años de una democracia de baja intensidad oligarquizada, fue mutando el propio ADN histórico del PS, transformándose en un partido oficialista, superestructural y parlamentario, constituido mayoritariamente por funcionarios de gobierno. Su historia tiene poco que ver hoy con su orientación social liberal, administrada durante largos años por un reducido y autoritario grupo de ex izquierdistas de pasado ortodoxo aliados con liberales de pasado social demócrata. El PS fue desangrándose políticamente por la izquierda y socialmente desde el mundo popular debido al alejamiento de miles de adherentes, militantes y dirigentes.
La expresión más cualitativa de su crisis culminó con el retiro de Jorge Arrate del PS (1), el que fuera su Presidente luego del proceso de reunificación socialista. Con mucha antelación Arrate había propuesto la necesidad de superar la Concertación y unir fuerzas en un nuevo Pacto democrático y popular para transformar el modelo de desarrollo neoliberal dominante de la post dictadura. En ese contexto, se sitúa su propuesta de una Asamblea Constituyente para una nueva constitución.
Durante las pasadas elecciones presidenciales el Partido Socialista apoyando al democratacristiano Eduardo Frei, profundizó su crisis programática, de representación e identidad al ser debilitado desde la izquierda por el ex Presidente del Partido Socialista Jorge Arrate, candidato presidencial de una renovada coalición de izquierda. Al mismo tiempo, se debilitó también su ala liberal debido a la candidatura del ex diputado Marco Enríquez Ominami proveniente también de sus filas. Arrate re domicilió políticamente al socialismo en la izquierda y Enríquez Ominami, autodefinido como "liberal progresista" capturó transversalmente parte del descontento generado al interior de la coalición.
Como candidato presidencial Arrate, encabezó junto a los socialistas allendistas y otros sectores de izquierda una alianza con el Partido Comunista y la Izquierda Cristiana, reinstalando nacionalmente un programa de futuro para la izquierda organizada en el Juntos Podemos y Frente Amplio (2).
A pesar de haber establecido por mutua necesidad un pacto instrumental electoral con la izquierda agrupada en el Juntos Podemos y el Frente Amplio, para perforar el sistema binominal, la Concertación sufrió una severa derrota electoral en primera vuelta.
Elecciones presidenciales: Frei reconoce temas de fondo pendientes luego de 20 años de gobiernos concertacionistas
Luego de los resultados desfavorables en la primera vuelta para el candidato de la coalición gobernante, Eduardo Frei, la Concertación fue Incapaz de leer las señales del electorado y sus tendencias de fondo. Es decir, fue incapaz de romper el círculo oligárquico y de auto reproducción elitista que llevó a la coalición a su máximo deterioro, producto de una asimilación tecnocrática y sesgada en su práctica política y gestión de gobierno. Sin embargo, para enfrentar a la derecha la izquierda llamó a votar y trabajó activamente en segunda vuelta por el candidato Eduardo Frei.
Del diálogo y el intercambio de contenidos programáticos básicos entre los representantes de las candidaturas de Arrate y Frei, surgió la Carta "12 Compromisos por la Democratización y el avance Social de Chile" que dirigiera la candidatura de Eduardo Frei Ruiz-Tagle al ex candidato presidencial y a los partidos y movimientos de la izquierda chilena. Aquellos compromisos programáticos asumidos por el candidato de la Concertación permitieron a la izquierda convocar a sus electores a votar por Frei en segunda vuelta.
Probablemente, toda nuestra afirmación central respecto de la cohabitación binominal de la Concertación con la derecha en el marco de un sistema neoliberal durante sus años de gobierno, se resume en la primera propuesta contenida en la carta de Frei a la izquierda en la constatación de la necesidad de una Nueva Constitución política del Estado. Propuesta que recoge un tema central no abordado ni resuelto, luego de 20 años de gobierno, de una coalición autocalificada como progresista, al señalar que; "Constatamos que las fuerzas de centro e izquierda, han planteado la necesidad de una nueva Constitución para Chile. Unos han propuesto que esto se haga mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente, otros por mecanismos ratificados por la soberanía popular y otros mediante un proceso de diálogo social. Sin embargo, nos parece pertinente declarar que lo central es que aspiramos a que la nueva constitución tenga los siguientes contenidos: garantías sobre la proporcionalidad del sistema electoral que terminen con la exclusión generada por el sistema binominal; garantías sobre el derecho a voto de las chilenas y chilenos en el exterior; posibilidad de los dirigentes sindicales de ser candidatos al parlamento; reformas al Tribunal Constitucional para evitar que este ejerza un carácter co-legislador indebido; mayores facultades de iniciativa parlamentaria de ley; límites al concepto de Estado subsidiario para que no sea una barrera a la política de desarrollo productivo; restablecimiento del derecho del sector público sobre la constitución de empresas en áreas estratégicas para el desarrollo nacional; reconocimiento del carácter plurinacional y multicultural del Estado de Chile".
En coherencia con una cohabitación binominal, luego de sostener que con su integración a la OCDE Chile ingresaba a las ligas mayores, la ex Presidenta Michelle Bachelet, tuvo que entregar la piocha del mando del libertador Bernardo O’Higgins a Sebastián Piñera, un empresario multimillonario, representante de la nueva derecha chilena. La alta popularidad de Bachelet no pudo ser transferida al candidato presidencial de su coalición ni tampoco a su propio partido en crisis de identidad. En el Chile actual de pensamiento único y de hegemonía conservadora, una popularidad mediática y transversal no debe ser confundida con un liderazgo transformador. Luego de la derrota, sigue soslayándose el análisis de sus causas más profundas. Pareciera que para la coalición y sus partidos la derrota tuvo que ver con la falta de sintonía respecto de su candidato. Ella hubiese tenido que ver también con errores en sus procedimientos y métodos, más que con el no cumplimiento de sus compromisos de transformación de la sociedad chilena respondiendo a los anhelos del pueblo chileno.
Los social demócratas y social liberales acostumbran a formular propuestas y tener discursos "izquierdistas" cuando se encuentran en la oposición, pero cuando forman parte del ejecutivo, gobiernan asumiendo y administrando el programa económico de la derecha. Tal como ocurrió con la mayor parte de los dirigentes que por 20 años han dominado y administrado la política del PS y el PPD en los gobiernos de la Concertación.
Hoy se hace necesario reconstruir puentes para forjar una oposición anti derecha amplia y unitaria, pero resulta indispensable también que en el seno de una oposición actuando unida se reconfigure y constituya una izquierda fuerte para fortalecer en lo social, político y cultural una oposición anti sistémica y anti modelo pues enfrentar las desigualdades en Chile se ha convertido en un desafío ético, económico, político y cultural de la mayor importancia. Lo anterior, incluye modificar estructuralmente el rumbo de lo que la actual dirigencia del socialismo y sectores autodenominados progresistas califican como la "obra maciza de los gobiernos de la Concertación". De lo contrario más allá de la retórica que se formule desde una nueva y heterogénea oposición seguiremos con la cohabitación binominal, que ha reproducido durante los últimos 20 años el actual modelo de desarrollo y su institucionalidad.
NOTAS:
(1) Jorge Arrate, socialista, economista, abogado y escritor, fue un cercano asesor del Presidente Salvador Allende, quién le encargo la tarea de nacionalizar el cobre y de la negociación posterior con las grandes transnacionales. Se desempeño también como Ministro de Minería. A su regreso de un largo exilio lideraba uno de los partidos en que se encontraba divido el socialismo chileno. En la reunificación del Partido Socialista de Chile asumió la Secretaría General y luego la Presidencia. Durante los primeros gobiernos concertacionistas se desempeñó como Ministro de Educación y luego como Ministro del Trabajo.
Siendo Ministro Secretario de Gobierno del Presidente Frei, tuvo desacuerdos con la política del ejecutivo con respecto a la detención y solicitud de extradición del dictador Pinochet en Londres y presentó su renuncia. Luego asumiría durante el mandato de Lagos como embajador de Chile en Argentina. Junto a los socialistas allendistas propuso al interior del PS la necesidad de superar la Concertación por una alianza social y política transformadora, incorporando al conjunto de fuerzas sociales y de la izquierda, en particular, al Partido Comunista en un nuevo Pacto Democrático Popular en torno a un programa de transformación económico social, y al cambio de constitución y de sistema electoral. Finalmente, abandonó el PS, decisión que también materializaron a nivel nacional un numeroso sector de dirigentes partidarios, militantes, dirigentes sociales y juveniles del socialismo quienes constituyeron el socialismo allendista y lo proclamaron precandidato presidencial postulando redomiciliar el socialismo chileno en un Frente Amplio de izquierda.
Arrate se convirtió en abril del 2009 en el candidato presidencial de la izquierda chilena al imponerse democráticamente en las urnas por una amplia mayoría ante Tomas Hirsch del Partido Humanista (PH). En su elección participó un cuerpo elector constituido por alrededor de 2.200 representantes y delegados previamente electos en Asambleas de la izquierda desarrolladas en la mayor parte de las comunas del país.
En la Asamblea se procedió previamente a discutir y aprobar el programa presidencial elaborado mediante un proceso de participación social y política a nivel nacional, el que pese a sus limitaciones o restricciones por la carencia de medios y de difusión, constituyó un importante avance. Proceso que se desarrolló en la sede central de la ex Universidad Técnica del Estado y con un multitudinario acto en el histórico teatro Caupolicán con la proclamación de Jorge Arrate.
(2) El programa y la candidatura presidencial de Arrate fue constituida por el Juntos Podemos Más (JPM) y el Frente Amplio (FA):
Juntos Podemos Más (JPM)
Alianza constituida por los Partidos Comunista e Izquierda Cristiana .
Frente Amplio (FA)
Conformada por los Socialistas Allendistas, fuerza política principal constituida nacionalmente a partir de un numeroso contingente de dirigentes y militantes que abandonaron el PS los que confluyeron con otros sectores de izquierda alternativos que se identifican con el Allendismo y el socialismo del siglo XXI. Acción Socialista Allendista, PAIZ, Comité de Independientes de Izquierda Con Arrate (CINDA) constituido en su mayoría por ex dirigentes y militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Movimiento democrático conformado por ex comunistas, Movimiento Nueva izquierda junto a dirigentes sindicales, estudiantiles y sociales de base independientes, así como de militantes y adherentes provenientes de movimientos que dejaron de tener presencia activa y organizada como la ZURDA o la G80.
El Partido Humanista (PH) luego de que su candidato Tomas Hirsch fuera derrotado democráticamente por Arrate en la Asamblea de la izquierda y luego de participar activamente en las negociaciones del JPM con la Concertación para explorar un pacto instrumental en contra de la exclusión generada por el binominal, se retiró abrupta y sorpresivamente tanto del JPM como de la dirección de la campaña presidencial de Jorge Arrate para respaldar la candidatura presidencial del ex diputado Marco Enríquez Ominami.
[Enviado por Barómetro Internacional]