Las imágenes del video en el que se ve a un grupo de marinos uruguayos abusando sexualmente de un joven haitiano sorprendieron a la sociedad uruguaya. La elocuencia de lo audiovisual es evidente, pero en verdad pesa un largo historial de denuncias sobre los hombros de los cascos azules uruguayos en misiones de paz. Y además, según coinciden diversos analistas, las claves para entender el aberrante hecho están en las bases mismas de la institución militar.
Luego de que el mundo entero viera las imágenes en las que aparece un grupo de marinos uruguayos abusando de un joven haitiano, la estrategia de las Fuerzas Armadas uruguayas fue circunscribir el hecho a lo puntual, y prometer un castigo ejemplar. Sin embargo, el escándalo que cubrió desde la bbc hasta Al Jazeera no hizo más que sacar a la superficie una problemática que los protocolos de las Naciones Unidas han buscado solucionar sin éxito. Tampoco es un problema nuevo en los cascos azules uruguayos, que desde 2003 se han visto involucrados en denuncias de abusos similares contra la población civil en el Congo, la otra gran misión –junto a la Minustah– por la que han pasado miles de militares uruguayos.
El miércoles el presidente José Mujica dijo que lamentablemente se trataba de conductas propias de la "naturaleza humana". También se escucharon voces –provenientes del ámbito militar pero no sólo– que hicieron foco en el "origen social" de los cinco soldados, quienes pese a la formación y disciplina recibidas se comportaron de modo "incomprensible". El ministro Fernández Huidobro apuntó que hay deficiencias en una formación castrense que "llega tarde" en la trasmisión de valores, y afirmó que se cometen errores a la hora de seleccionar al personal que se envía en misión.
Sin embargo, existen otros análisis posibles. Varios especialistas afirmaron a Brecha que muchas de las claves para entender lo ocurrido deben buscarse en características propias de la institución militar.
Para el politólogo Julián González, coordinador del Programa de Investigación sobre Seguridad Regional, Fuerzas Armadas, Política y Sociedad, de la Universidad de la República, las escenas de violencia de los cascos azules contra el joven haitiano no son muy distintas a las que podrían verse en una unidad o escuela militar. Afirmó que se trata de prácticas abusivas que se dan en instituciones "fuertemente masculinizadas y cerradas". Y agregó: "La formación militar tal cual se la concibe conlleva que ocurran abusos del tipo del que muestra las imágenes que vimos de Haití. En Uruguay y en el mundo es habitual que salten escándalos no ya de abusos contra la población de un país, sino entre ellos mismos, y eso se relaciona con las características de estas instituciones fuertemente masculinizadas y cerradas, que funcionan en aislamiento, donde el militar pasa gran parte de su tiempo en la institución. Las ceremonias de iniciación en las escuelas de formación de oficiales y otros tipos de ritos abusivos y violentos son parte de este tipo de ambientes".
Según González, varias características institucionales explican el fenómeno. Además del machismo y el culto al más fuerte, propios de la mentalidad militar (que lleva a posturas de homofobia y discriminación al débil), hay aspectos vinculados al énfasis puesto en la formación castrense sobre la pertenencia al grupo, y la cohesión, lo que atenta contra el desarrollo de la individualidad. "Esos valores tienen aspectos positivos y necesarios para las tareas de defensa, pero también generan cosas negativas: es el grupo contra los otros, y dentro del grupo se exige una fidelidad que anula cualquier iniciativa individual de denuncia de excesos disciplinarios o de abusos de autoridad o en el uso de la fuerza. Cualquier denuncia se ve como una medida contra el grupo o la autoridad.
Entonces o no se animan a presentar una denuncia o simplemente no sienten la necesidad de hacerlo, porque asumen los abusos como parte de la lógica interna. Que el superior abuse de su poder lo ven como normal, por más arbitrario que sea. El que tiene la autoridad puede hacer lo que quiere. El derecho a increpar y los mecanismos de contrapesos formalmente existen, pero el problema es que no se usan o se usan muy poco. Ante una orden el subalterno primero tiene que obedecer y luego puede iniciar un recurso, pero esa queja la debe tramitar a través de su superior, que fue quien le dio la orden. Obviamente la herencia de la dictadura es un ingrediente que hay que agregar, en términos de abuso de la autoridad, en el uso de la fuerza y la violencia, y el sentimiento de impunidad."
Basta recorrer las actas de las comisiones de Defensa del Parlamento para conocer distintas denuncias sobre excesos disciplinarios, sometimiento a situaciones extremas, denuncias por discriminación, acoso o abuso sexual, algunas de las cuales han trascendido a la prensa. González afirmó que el fenómeno se da en las instituciones militares de todo el mundo, no sólo en Uruguay, y que algunos países crearon figuras como las del "comisionado parlamentario" para buscar controlarlas.
LA COSIFICACIÓN DEL OTRO
¿Cómo se relaciona este exceso de disciplina y de cohesión con lo sucedido en Haití? Para el psicoanalista Marcelo Viñar, "la supresión del derecho al pataleo que implica la disciplina militar, carga un resentimiento del humillado que tarde o temprano se expresa en transformarse en lo contrario. En hacer lo que le hicieron. Eso pasaba en la antigua Grecia, donde el primer acto en la formación de un torturador era torturarlo".
Según este especialista, la "obediencia debida", propia de la institución militar, hace que el individuo no distinga lo que es justo de lo que es injusto o arbitrario. Se ejerce el poder porque se tiene, de modo que "el uso aberrante del poder sobre el otro, de la destrucción del otro, está fomentado por los sistemas de obediencia ciega".
Para Viñar este tipo de comportamiento es propio del hombre salvaje o primitivo, porque supone el dominio del poderoso y anula cualquier relación de reciprocidad, verdaderas conquistas de la "civilización" ("el abuso del débil por el fuerte no es privativo de los militares, lo aplican otras instituciones que retornan a lo primitivo, como las mafias o las maras"). Por motivos de organización y disciplina, los militares necesitan formarse en esa "lógica del sometimiento" que es distinta a la "lógica de la reciprocidad", pero sus efectos pueden ser nefastos, concluye.
En el mismo sentido se expresa el psiquiatra Aldo Martín, para quien "la institución militar, como otras instituciones absolutas, dificultan la individuación del sujeto. Mediante una formación alienadora, se genera lo que podríamos llamar el vacío del ser, la pérdida de la historia personal, para pasar a ser ente, un autómata, un ser intercambiable". Según este especialista, "cuando el ser se revela contra esa cosificación, algunas personas pueden generar situaciones aberrantes. Lo que vimos en Haití es un caso. El individuo quiere mostrar su superioridad, su dominio, su existencia como ser, y para eso busca cosificar al otro. Así como en su formación pudo haber sido transformado en nada, de este modo transforma al otro en nada".
Los soldados y el sexo - Proyecto Pantaleón
Junto a la filmación del abuso de los cascos azules uruguayos contra un joven haitiano fueron dadas a conocer esta semana una multiplicidad de denuncias de distintos tipos de delitos sexuales, prostitución de la población civil haitiana, incluyendo menores de edad, y la existencia de al menos cinco niños cuyos padres son efectivos uruguayos. Se trata de faltas de distinta magnitud, ya que en algún caso se trata de vínculos afectivos y de reciprocidad entablados por los cascos azules con mujeres haitianas (por ejemplo hay un caso en el que un soldado reconoció a su hijo).
Todas estas situaciones son condenadas por la onu, que estableció en 2006 un régimen de "tolerancia cero" que prohíbe a los cascos azules cualquier tipo de relaciones sexuales o afectivas con la población del país en el que estén en misión (incluidas prostitutas adultas). La política se adoptó tras un informe presentado por el ex secretario general Kofi Annan dando cuenta de un centenar de denuncias por abusos sexuales de los cascos azules en distintas misiones. El estudio consignaba que un porcentaje muy menor de los casos culminaba con la identificación de los responsables, porque los mismos mandos militares obstaculizaban la investigación. En el Congo en 2005 habían sido difundidas numerosas denuncias por pedofilia, abuso sexual, prostitución, entre otros, que involucraban a tropas de distintos países, entre ellos Uruguay (también entonces había al menos tres casos en estudio de niños congoleños de padres uruguayos).
Diversos analistas coinciden en que la política de "tolerancia cero" es además de poco eficaz, absurda, y no resuelve el problema de fondo. Si bien todas las tropas en misión de paz son obligadas a respetar el protocolo de conducta diseñado por la onu, es iluso esperar que miles de militares estén varios meses en un país extraño, lejos de sus familias, en una completa abstinencia sexual. Entre las Fuerzas Armadas uruguayas el asunto ha sido poco problematizado. Se ha insistido en la necesidad de seleccionar mejor a los integrantes de las misiones, al tiempo que se ha hecho la "vista gorda" siempre que se pudo.
Así lo expresó un grupo de militares uruguayos en abril de 2008 en el foro virtual Uruguay Militaria.* Allí un miembro del foro identificado como "Coronel" se preguntaba: "Si por un instante hacemos abstracción de los componentes de debida disciplina y compromiso que la cuestión profesionalmente tiene, ¿no resulta un tanto ingenuo pensar que hombres (y por qué no mujeres) sometidos a la presión y riesgos del servicio, separados por nueve meses o más de sus parejas, lejos de familia y amigos, inmersos en comunidades que se parecen bastante poco al claustro de clausura de un convento, habrán de postergar soledades y 'necesidades' por una reglamentación que les impide trabar contacto sexual con la población lugareña? ¿Nos quedamos con hacer la 'vista gorda' y pensar que nada pasa?".
Otro militar identificado como "Predator" le respondió citando la novela Pantaleón y las visitadoras, de Mario Vargas Llosa, y recordando que la onu ha rechazado solucionar el tema estableciendo un sistema similar al de la novela (en ella Pantaleón Pantoja, jefe de una unidad militar en la selva peruana, organiza un servicio de prostitutas profesionales para evitar que sus tropas incurran en violaciones).
El militar agregó que el contacto sexual de los soldados con las poblaciones civiles son "un hecho cotidiano y no nos podemos cruzar de brazos. Nuestros oficiales superiores deben estar permanentemente buscando alternativas que mantengan la eficiencia profesional de sus subordinados y evitar componentes psicofísicos que deterioren su capacidad. El nuestro no es el ejército de Estados Unidos donde, y con todo respeto, existe una idiosincrasia más liberal... Quizás seamos más espartanos en el comportamiento, pero tampoco cometemos los desmanes vistos en los medios. Por lo menos, las denuncias son menores"(2). Hasta ahora.
Curiosamente, en su viaje en 2009 al Congo, el escritor peruano visitó un campamento de cascos azules uruguayos, donde según explicó, se tomaba buen vino y se oía "La Cumparsita". Allí un oficial uruguayo se le acercó y le mostró un documento titulado "Proyecto Pantaleón", con el que pretendía reducir los casos de abusos sexuales por parte de los cascos azules adoptando un sistema similar al que Vargas Llosa previó en la ficción.
Seguramente algún compañero del foro me dirá con algo de razón que "la ropa sucia se lava en casa" (...) Pero lo cierto es que la sexualidad es un componente ineludible de la condición humana, y nada ganamos con pretender que puede "desactivarse" mientras dure el servicio".
El pequeño Abu Gjraib
Los cascos azules uruguayos tuvieron el triste privilegio de aparecer en las portadas de periódicos y medios de comunicación de todo el planeta. Los detalles del video filmado en Port Salut fueron descritos en páginas y portales de El País de Madrid, cnn en español, Televisión Francesa 1 (tv1) y Al Jaazera. La noticia también repicó en las principales agencias de noticias. En los medios del Cono Sur el impacto fue ostensible. El columnista de Página 12 Jorge Majfud eligió para su texto un título elocuente: "Nuestro pequeño Abu Gjraib". El periodista de nacionalidad uruguaya cuestiona que las Naciones Unidas le hayan quitado revoluciones a uno de sus recientes informes en virtud de que la violación no se habría consumado (algo que por otra parte no coincide con lo denunciado por el joven haitiano y las ONG locales).
"La verdad, me quedo sin fuerzas anímicas para responder semejante idiotez de una forma más analítica. Sólo quisiera saber si alguno de aquellos burócratas o patriotas trasnochados definirían semejante violencia amoral de la misma forma si la víctima hubiese sido alguno de sus familiares y no un anónimo haitiano. Estoy seguro de que cualquiera de ellos se recuperaría más fácilmente de un golpe en la cara que de semejante golpe moral. Pero se supone, como lo indica la tradición, siempre viva aunque travestida, que los pobres de piel oscura no tienen semejantes sensibilidades y lo soportan todo", escribió el cronista.
Notas:
(1) Puede leerse la conversación en http://uruguaymilitaria.com/Foro/
(2) Es interesante la respuesta del "coronel": "la realidad y el futuro aportarán lo suyo en esta temática que se prefiere "desconocer" hasta que la sangre llega al río: en lejanas tierras algunos niños que tal vez exóticamente se llamen Artigas o Pepe o Charliegood jugarán muy bien al fútbol, (...), de vuelta en casa las patronas interrogarán, y cosas así que no son exclusivas de la vida en Misión, sino que también pasan en otros ámbitos como sucedió cuando algunas personas con responsabilidad jerárquica en el marco de procedimientos disciplinarios descubrieron que las alumnas de los institutos militares eran sexuadas y hasta lindas en muchos casos, incluso para aquellos que nunca (según los reglamentos) debieron darse cuenta de ello.
[Lunes 12 de Septiembre de 2011 - Comcosur / Montevideo]
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