Como en una sonata de otoño, el mes de Maria comienza trayendo la suavidad para nuestros cuerpos y espíritus, después del intenso verano. De la misma forma que los árboles intercambian de hojas, en esa estación del año, nuestros corazones, mentes y almas están abiertos a los cambios, pero firmes en la raíz de la Fe. Nuestra caminata es marcada por el fugaz, por el efímero y al mismo tiempo por la esencia de lo que Es, eterno e inmutable, expreso en el concepto mayor del Dios Creador, del Misterio que no es para ser comprendido, sino celebrado. Aquel que no tuvo comienzo ni tendrá fin.
Los avances tecnológicos y la perplejidad humana delante de la velocidad de las transformaciones en nuestra época pueden generar ansiedad, angustia y temor. Pero en el silencio del espíritu y en la aproximación del Sagrado sentimos el Esencial, que se mantiene firme e inmutable, que sostiene el eje delante cualquier turbulencia.
Es en la oración que reconectamos con El Superior, con el Divino que hay dentro de cada uno de nosotros. Rezar es una cosa, orar, otra. Y toda oración verdadera es marcada por la humildad y profunda sinceridad, buscando establecer una comunicación del Humano con El Sagrado de forma transparente y cristalina.
Incertidumbres, dudas, quien no las tiene? Ahh! Las dudas, como sería bueno no tenerlas, pero ellas pueden ser planteadas con plenitud de espíritu, ofertadas como pruebas de nuestras limitaciones de comprender los designios del Padre. Razón y Fe pueden caminar lado al lado. No se contradicen, se complementan. Y es por intercesión de Maria, esa dulce imagen de la misericordia, que pedimos la gracia de observar el cambio de nuestra planta sin dañar la raíz.
Delante de Ti, Madre, observo que la Iglesia, cuerpo místico del Cristo generado en su vientre, es una institución Santa y pecadora - como dijo Santo Agostinho -, porque conducida por seres humanos. La intervención de Espíritu Santo, del Espíritu de la Verdad, genera la certeza necesaria de que, aún delante de muchos errores del pasado y de eventuales equívocos del presente, el cimiento de Pedro fue y será mantenido.
Delante de Ti, Madre, manifiesto mis dudas al acompañar el actual embate entre Religión y Ciencia en torno a las investigaciones con células-tronco embrionarias. El principio de la defensa de la vida es incuestionable. Pero habrá vida, o mejor, alma en un pequeño aglomerado de células (in vitro) aún fuera de un vientre? ¿Cuántas vidas – ya formadas, concretas y no lo que es llamado ‘potencial de vida’ -, podrían ser salvas? Cuanto sufrimiento podría ser evitado con el desarrollo de esos estudios? Yo vine para que todos tengan vida y vida en abundancia. Cristo fue condenado por los Doctores de la Ley (fariseos) al curar un enfermo en el Templo el sábado, día sagrado para los judíos. El Hombre fue hecho para el sábado o el sábado para los hombres? Enseñó el Hijo amado. De la misma forma, las tesis teológicas fueron hechas para los hombres o los hombres para esas tesis? Hasta hoy aún no se llegó a la una conclusión definitiva de cuando acontece el principio de la vida, lo soplo divino llevando alma a la materia. ¿Será el Tribunal de la Curia Romana infalible al decidir clasificar como ‘nuevo pecado’ tales investigaciones? La infalibilidad papal fue superada en el Concilio Vaticano I. La condena a la hoguera de los que en tiempos pasados afirmaron no ser la Tierra el centro del Universo fue motivo de pedido de perdón siglos después por Juan Pablo II. Aquello que un día fue considerado herejía, hoy es verdad y hecho consumados. Error admitido, perdón concedido. Como todo podría haber sido diferente si Religión y Ciencia buscaran andar a la mano a lo largo de la Historia. El Hombre sin la osadía de que quiera ser Dios y Dios permitiendo el libre-arbitrio en el caminar de la humanidad. Temer que tales investigaciones lleven a la ‘banalización de la vida’ es semejante al temor de la energía nuclear, que puede ser generadora de luz, principio de vida, o instrumento de destrucción, principio de muerte. Cualquier descubrimiento puede servir Eros o Thanatos. Cuántos científicos, a comenzar por Einstein, trajeron contribuciones incuestionables para el avance de la inteligencia, para la comprensión de los mecanismos del Universo, y, sin embargo, tuvieron la humildad de reconocer que negar la existencia de Dios es una tontería.
Delante de Ti, Madre, cuestiono si la decisión de clasificar como ‘nuevo pecado’ el uso de drogas – y no el tráfico -,es una actitud eficaz para liberar la juventud de ese flagelo. Muchos serán lanzados en un doble infierno. Gran parte va a buscar en las drogas, en las armas y en la tecnología la consolación para sus angustias. Se alejan del Dios de la punición. Necesitan del Dios misericordioso. La humanidad precisa mucho más de testigos que de maestros, decía Pablo VI. Difícil de alejar la sensación de que hay cada vez más un clima inquisitorial en la institución donde fui bautizado, crismado y formé mi Fe. Parece haber un monólogo y no un diálogo con la sociedad.
Delante de Ti, Madre, mi corazón entristece al ver que hay la intención de sectores del Cuerpo Místico de tu Hijo, de dejar en el pasado el entusiasmo post Concilio Vaticano II, promovido por Juan XXIII. Eran tiempos de tolerancia, de diálogo interreligioso, intercultural, entre países, entre religiosos y legos. El concepto de Iglesia-comunión (dando énfasis a la participación laica), se sobreponía a la propuesta de Iglesia-sociedad (estableciendo la jerarquía en primero plano), como se quiere actualmente. En Brasil, lo carisma de liderazgos como Don Helder Cámara, Don Paulo Evaristo Arns y Don Aloísio Lorscheider atraían el rebaño para cerca de Ti. Eran tiempos de pluralidad, de lo Opus Dei a la Teología de la Liberación, formando ese inmenso mosaico humano, con todos los matices, en búsqueda del Divino. Más que nunca, es preciso que se establezcan puentes entre Europa, Vaticano y el mundo. Actualmente, los templos - principalmente en Europa y América del Norte -, y seminarios se vacían. Un continente entero – África -,es condenada al olvido y sufrimiento sin fin. Mientras eso, América Latina resiste con sus miles de Comunidades Eclesiales de Base - fruto de aquel Concilio, confirmado y consolidado después en Puebla -, aún bajo presiones. El Pontífice peregrino ya no existe. Pastor para un lado, rebaño para otro. Con eso, muchos van a buscar el alivio en falsos profetas que dominan cada vez más los medios de comunicación.
Delante de Ti, Madre, pregunto de que forma debemos ejercer nuestro cristianismo, hoy y siempre. Es muy tenue la frontera entre la obediencia, la humildad, el respeto a la jerarquía y la subserviencia, la omisión o incluso la cobardía. Es muy difícil alcanzar el discernimiento para no ser llevado a la complicidad del silencio delante de las injusticias. Es muy más fácil vivir en la contemplación que, a ejemplo de tu Hijo, cuestionar, debatir, desafiar – con amor, serenidad y firmeza – toda forma de opresión, toda semilla de tiranía, todo obstáculo al libre ejercicio de la fraternidad, de la comunión y de la Fe.
Delante de Ti, madre, expreso mi temor del pasaje del otoño para el invierno, llevando al riesgo de congelar aún más nuestros corazones, de incentivar la pulsión de muerte, exilando la pulsión de vida. Anhelo por la llegada de una nueva primavera para cada ser humano, para cada institución, para toda la humanidad. No sólo una primavera llena de flores que puedan ser ofertadas a los muertos, pero con las flores que celebran la vida.
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