Sábado, 25 de mayo de 2013
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14.04.11 - Brasil
Memorias del corazón
Monica Maria Muggler
Adital

Mis queridos amigos,
Mis queridas amigas

Desde el día 27/3, yo me permití ser María. María a los pies del maestro JESUS que me habló intensamente.

Habló a través de los misterios dolorosos y gloriosos vividos.

Habló a través de la presencia de tantos que vinieron de los cuatro rincones a celebrar la resurrección de nuestro amigo José Comblin.

Habló a través del abrazo, del apretón de mano, de las lágrimas silenciosas, de la solidaridad entre todos los que nos sentimos hermanados en la orfandad.

Habló a través de los mensajes y testimonios tan diversos y genuinos retratando la grandiosidad de nuestro profeta.

Habló en fin a través de la vida tan completa de nuestro amigo que pude acompañar por tantos años.

El Maestro fue revelando los hechos, como lo había hecho pacientemente con los discípulos en el camino de Emaús, hasta que reconocieran al Resucitado! De ahí voy sacando las fuerzas para proseguir en el camino de Jesús.

Es con el corazón repleto de GRATITUD que hago estas líneas. Gratitud por nuestro querido José Comblin - el padre Zé - por todo lo que él fue y significa para nosotros.

Gratitud también por cada uno, por todos ustedes que tan cariñosamente se expresaron de muchas formas, de todos los rincones, presentes en las más diversas fases de nuestras historias. Tantos mensajes tan bellos, tan lindos, que se derramaron del corazón. Rayos de Luz para suavizar la noche y para apuntar el rumbo, como la estrella de Belén. Ciertamente él quiere hacer nos ver el camino. Por eso envía su luz!

Él partió para a su Gran Viaje, como él acostumbraba a decir. Tres días antes comentaba conmigo: - Creo que Dios se olvidó de mí... por la primera vez sentí que deseaba partir. Le pregunté, a lo que él respondió: no me siento más de este mundo. En los últimos días tenía prisa para hacer todo, organizar, responder. Pero el libro... el libro era el gran desafío. Deseaba hacer lo mejor. Trabajó intensamente en la 4ª versión en enero. Ya iba adelantado, cuando el computador escondió y no devolvió más sus escritos. Al principio él se conformó, dijo que era para poder recomenzar mejor... Mas un mes después, el esfuerzo lo desafiaba, se notaba. Su más bella obra quedó inacabada. Será, sí, publicada en el momento oportuno.

Él se preparó cuidadosamente para el Gran Viaje. Todos se recuerdan cuando optó por la diócesis de Barra, tierra de desafíos, sertão (lugar seco, muy alejado de la costa y de los terrenos cultivados) remoto y olvidado, iglesia de los pobres, de los pequeños, de los sin voz, sin oportunidades, sin nada... mas llenos de Dios! Él se justificaba: necesito convertirme, prepararme para el gran viaje. Acogido por el pastor, místico y profeta, que mucho admiró y amó , cada día José se veía más feliz. "À la sombra de un santo como don Cappio, yo sólo puedo estar muy bien!"

Nuestro amigo vivió su Pascua de modo sereno y rápido como había pedido a Dios.

Todos queríamos tanto que él se quedara un poquito más... sólo un poquito...

Se levantó en la mañana del día 27, se afeitó, se bañó, se vistió, se tomó el remedio, se colocó el reloj y, en este día, un abrigo... Diariamente el mismo ritual. Hospedado en un departamento en la sacristía de la capilla del Rincón de la Transfiguración, - (comunidad querida de apoyo en Salvador, donde vive Gisa y una comunidad de laicas consagradas) – abrió las dos puertas cerradas con llave de paso para la capilla y el jardín. Luego retornó... ¿Sería un malestar? Quien lo vio, del otro lado del jardín, luego vino con un paraguas, pues lloviznaba finamente. Llamó... otra vez... silencio. Se adentró hasta el cuarto y ahí estaba nuestro amigo sentado en la cama inerte. Su cardiólogo vino a constatar: fibrilación auricular (que provocó una embolia cerebral), muerte instantánea. Más allá de la gracia de una muerte rápida, quería también morir en actividad... así quedó, sentado... y quería morir en casa... - partió de ese rincón tan acogedor.

No hubo ni tiempo, amigo, para colocar la música que pediste para esta hora definitiva: o coro final de la Pasión según Mateo, de J.S. Bach.

El Padre amorosamente lo ACOGIÓ... oyendo sus deseos. Era domingo, el día del Señor. El Señor vino, y en el jardín de la vida, cogió la flor más delicada. Nosotros, tomados por sorpresa... no tuvimos prisa, necesitábamos contemplar el misterio que en su elocuencia sólo nos pedía silencio profundo y obediencia. En la hora del crepúsculo Fray Luiz Cáppio nos convidó a celebrar la Eucaristía en la intimidad del cuerpo presente. Él todavía en el estado natural, tan sereno, irradiaba tanta paz y hasta incluso una sonrisa velada en los labios. Parecía oír nuestros testimonios y los cantos de las comunidades.

El lunes hicimos el último viaje por tierra – en automóvil como a él tanto le gustaba viajar. Salimos de Salvador rumbo al Santuario de Santa Fe, en el municipio de Solanea, Paraíba, Era ahí que él deseaba fecundar la tierra, junto al modelo de misionero que él tanto difundió, el P. Ibiapina. Él decía: no quiero quedar abandonado, ahí hay siempre gente visitando al padre Ibiapina, así también aprovecharé del movimiento...

Movimiento fue toda su vida, incansable.

Llegamos en la madrugada del martes: noche oscura, cielo estrellado. En breve la aurora se anunciaría y el día llegaría. Qué lindo día! Cuántos reencuentros! El Santuario se preparó para recibirlo. Alimentó y hospedó a tantos peregrinos que vinieron de todas partes para el último adiós. Gracias padre José Floren, gracias Hna. Leticia - cuánta dedicación. También sus hijos e hijas más próximos que llegaron antes para preparar las ceremonias. Ciertamente él se regocijaba de ver a su inmensa familia reuniéndose...

Los funerales comenzaron con la lectura de mensajes - durante una hora entera... y no fue suficiente. A las 15.00 la celebración eucarística, presidida por el obispo de Guarabira, Don Lucena, otros cinco obispos, cerca de 60 padres. Cuando la noche ya nos envolvía, los funerales. Bien al lado del padre maestro Ibiapina.

Sí, Ud. ya nos contemplaba desde la morada eterna.

¡Vea, José, la multitud de hijos e hijas! Cuántos acudieron a Santa Fe de todos los lugares, hasta de fuera del Brasil! Obispos, sacerdotes, religiosas, pero, sobre todo el pueblo de los pobres, tantos misioneros y misioneras, los pequeñitos, los preferidos de Jesús -estos mismos que Ud. amó de modo tan tierno.

Cuántos se hermanaron en esa hora de todas partes del mundo: de la América Latina amada, de su tierra de origen Bélgica, de los vecinos países europeos, de la América del Norte, hasta de Jerusalén... Probablemente, de Japón, de las Filipinas y tantos lugares donde sus escritos también llegaron...

Ud. Tuvo el don maravilloso de REUNIR en una gran familia a todos los que sueñan con una Iglesia más humana, más presente, más amante y fiel a Jesús, fiel a su Evangelio. Como a Ud. le gustaba enseñar, mostrar, develar horizontes... apuntar al Camino de Jesús. Su aguda mirada penetraba la realidad y nos despertaba del adormecimiento, de la ceguera y de la inercia. Gracias, padre Zé.

¡Sufrimos, sí y mucho! Somos de carne y hueso todavía, y su presencia física, con sus manifestaciones: la sonrisa, la ternura, el abrazo, sus manos tan tiernas y servidoras, su mirada tan trasparente y verdadera, la suavidad y la claridad...y sobre todo, sus palabras -sabias, sinceras, penetrantes, contundentes- nos faltan inmensamente, amigo! ¡Cuánto privilegio tuvimos! Cultivaremos sí su memoria, no para guardar, sino para repartir.

Su PRESENCIA perdura a través de sus gestos que marcaron tantos corazones. ¡Su voz sigue dando eco a través de sus escritos! Sus ejemplos del cotidiano son películas permanentes en la memoria del corazón.

Con Ud. aprendimos que tener Fe en Jesús no es rendirle un culto. ¡Tener fe en Jesús es entrar en su Camino y perseverar! Aprendemos la lección del amor – única realidad humana que nunca desaparece! Dirigida sobre todo a los pequeñitos y olvidados de la sociedad. ¡El don del Espíritu es el don de AMAR! Ud. lo escribió.

* * * *

Volví para la diócesis de Barra –nuestra casa- que nos acogió con tanta alegría hace casi dos años. Aquí fui llamada a trillar el camino de Jesús. Quien coloca la mano en el arado y mira para atrás no es digno de mí.

Llegué a la Misa del 7° día, celebrada en la Catedral. Una Eucaristía fervorosa y participada, una homilía tan expresiva sobre su vida y presencia, en el ofertorio los símbolos de su sacerdocio y de su misión, al final los mensajes sencillos.

Poco a poco voy retomando a la vida como Marta. Ciertamente no faltarán los momentos de ser María. Santa Fe del padre Ibiapina será local de peregrinación. Organizar su legado, su memoria será uno de nuestros trabajos. Dedicarme a las Escuelas Misioneras, principalmente a la más joven en la diócesis de Barra. Contribuir a la animación misionera en el llano Nordestino, vivir entre los pobres y los pequeñitos... Será la misión!

GRACIAS hermana mía, GRACIAS hermano mío!

Sigamos hermanados y APRENDICES del Camino de Jesús inspirados por nuestro amigo para siempre José Comblin!

Barra, 05 de abril de 2011

Nosotros lo AMAMOS mucho!
Nosotros le agradecemos por TODO!

Descanse en Paz,
Usted cumplió su Jornada!
Seguirá siendo SAL y LUZ!

...también quiero pedir
que usted, junto a Dios,
ruegue por sus amigos de la tierra.
Que seamos fieles
al pueblo de Dios y,
entre el pueblo de Dios,.
de modo cariñoso,
como usted testimonió,
los pobres, los pequeños,
los sin voz, sin oportunidad, sin nada. Mas que son llenos de Dios.
Y usted asumió este compromiso evangélico de servir a los predilectos de Jesus que son los pobres de este mundo.
Enséñanos padre José y
ayúdanos a hacer como usted hizo..

(Palabras de Fray Luiz Flávio Cáppio durante los funerales)

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