Todos los seres humanos necesitamos satisfacer nuestras necesidades fundamentales. Esta no es una afirmación novedosa, pero sirve de introducción a las reflexiones que desde hace mucho tiempo me producen una gran incomodidad. Me afectan, profundamente, las inquietudes y pesares que debe estar padeciendo un número importante de ciudadanos que, amparados en la lógica de la sobrevivencia material individual y familiar, permiten o no tienen más opción que aceptar que se les maltrate, cada vez que hay un nuevo gobierno al frente del Estado.
Los partidos que logran obtener el triunfo en las elecciones obligan a muchos funcionarios públicos a que se cambien del partido al que pertenecían por el (o los) que entran a administrar el Estado, como condición para no perder sus puestos de trabajo y con ello, sus ingresos. Los que llegan a ocupar cargos con el partido ganador ya se inscribieron y algunos que ‘trabajaron’ en la campaña sienten que ya tienen ganados puestos en alguna institución gubernamental, independientemente de su capacidad. Los que no hayan militado y creen poder ingresar a las filas del Sector Público, de antemano saben que les van a hacer la sugerencia.
Otros grupos que trabajan al vaivén de los gobernantes pertenecen al sector transporte los que, tradicionalmente, se enfrentan a las famosas concesiones o cupos, lo que ha llevado a muchos a convertirse en ciudadanos alejados, públicamente, de los reclamos sociales y, algunos de sus dirigentes, han promovido, en ciertas ocasiones, actitudes contrarias a otros grupos que luchan por sus derechos en las calles. Me parece que ni el Metrobús cambiará esta situación.
Una vez en el poder, los gobernantes inician una serie de políticas sociales con los recursos de los contribuyentes, como los subsidios condicionados de la Red de Oportunidades, las bolsas de comida, los 100 a los 70, las becas (por concurso o no) y otros. En base a esto se intenta asegurar otra cantidad de ‘adherentes’ potenciales o reales o, por lo menos, de ciudadanos agradecidos o temerosos de perder sus derechos. Se llega al extremo de usar estos recursos como medio de chantaje para mantener inmovilizada a una gran parte de la población y para sugerir que la reelección de los gobernantes es garantía de que se mantendrán los subsidios.
Profesionales independientes, pequeños y medianos emprendedores que, por su capacidad y posibilidades de ofrecer precios competitivos quisieran participar en algunos proyectos del Estado, se ven limitados en su accionar político, temerosos de que el partido gobernante no los vaya a considerar y así perder la oportunidad de generar ingresos para su sobrevivencia.
No podemos justificar que, pese a que se reconozca que no está bien esa forma de ganar ‘adeptos’ por los partidos gobernantes, la conciencia se vea afectada a tal grado, que a la hora de tomar una decisión casi de cualquier tipo, se actúe en base a lo que la necesidad de sobrevivencia impone.
Desafortunado es que encontramos otros ciudadanos que no tienen dificultades de sobrevivencia ni dependen de los gobernantes para mantener esa seguridad, como algunos profesionales de la educación, salud, leyes, y muchos otros profesionales, así como empresarios de cualquier tamaño, que actúan como si los asuntos de la conciencia colectiva fuera asunto de otros, de los pobres, ¿será? Pareciera que viven bajo los principios neoclásicos de ‘dejar hacer’ y ‘dejar pasar’, propios del individualismo, alejados de la solidaridad. ¿O será temor a perder lo que se ha logrado?
No debemos permitir que los gobernantes de turno y sus allegados, abusando de su cuotita de poder, sigan abusando de la conciencia de los ciudadanos; es decir, de lo que la Real Academia de la Lengua define como la ‘Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta’ y, también, como el ‘Conocimiento interior del bien y del mal’ que podemos desarrollar los seres humanos a través de la reflexión.
Si no detenemos esta situación, jamás llegaremos a ser verdaderamente libres.
[Fuente: La Estrella de Panamá].
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