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| 30.08.05 - MÉXICO |
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Y es que en ese momento él no lo sabía, pero más de un testigo había escuchado al director corporativo de recursos humanos de la compañía decir: "Mientras yo sea director de recursos humanos no vamos a tener a un puto en una dirección". Cuando comenzó a trabajar en Coca-Cola FEMSA, Roberto aún no asumía abiertamente su orientación sexual, pero cuando tomó la decisión de aceptar su homosexualidad, consideró apropiado comunicarlo a sus superiores. Éstos no tuvieron ninguna reacción inmediata, pero la mostraron después, al obstaculizar continuamente su ascenso dentro de la empresa.
Roberto Mendoza Ralph se tituló en ingeniería mecánica y eléctrica con el mejor promedio de su generación. Cuando egresó de la Universidad Iberoamericana, hace dieciséis años, trabajó en otra multinacional de bebidas, PepsiCo de México, empleo que dejó para ir a colaborar en Coca-Cola FEMSA, que le ofrecía un puesto gerencial. En Refrescos y Aguas Minerales SA de CV, una de sus empresas operadoras, trabajó casi siete años, ahorrándole millones de dólares a la firma al manejar exitosamente las áreas de abastecimientos y compras. Fue él mismo, junto con su jefe inmediato, quien diseñó el proyecto para convertir el área de compras en una dirección.
"Era prácticamente un hecho que yo iba a encabezar la nueva dirección, pero le dieron ese puesto a alguien más, alguien que no tenía experiencia", recordó en entrevista con esta agencia. El hecho lo hizo sentirse "destrozado, no había ninguna razón por la que no pudiera obtener ese puesto". Y él no era el único que lo esperaba, también sus colaboradores se sorprendieron con la decisión.
A partir de ese momento comenzó el acoso y la discriminación constante, aunque velada. Fue trasladado al área de logística, luego enviado a Costa Rica a coordinar los procesos de compras en la división de Centroamérica y más tarde llamado a México nuevamente para ocupar el mismo puesto con el que inició, pero con un sueldo 35 por ciento menor. Debido a que buscó negociar un salario mayor y se rehusó a renunciar a ciertos reembolsos que la empresa le debía, finalmente fue despedido.
Homofobia en el ámbito laboral
El caso de Roberto es uno más de los que se reflejaron en la Primera Encuesta Nacional sobre Discriminación, realizada por la Secretaría de Desarrollo Social y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, que asienta que 40 por ciento de las personas homosexuales ha sido discriminada en su trabajo, mientras que 75 por ciento gana un salario menor por un trabajo similar al que desempeña una persona no homosexual.
"Uno de mis compañeros ya me había dicho que él entendía perfectamente por qué me estaban despidiendo, y me contó que escuchó en el elevador a Eulalio Cerda director corporativo de recursos humanos- comentar con uno de sus asistentes que no me darían el puesto debido a mis "gustos homosexuales", y que me la harían pesada hasta que me fuera de la compañía para que no les costara". Pero fue otra compañera, esta vez de la propia área de recursos humanos, quien le confirmó que "hubo una reunión donde estaba Eulalio Cerda en la que al final estuvo manoteando en la mesa, diciendo que mientras él fuera director de recursos humanos no iba a permitir que un puto fuera director en la empresa".
Luego de su renuncia, forzada por las constantes presiones, más personas, ex empleadas de la empresa, le hicieron comentarios sobre conversaciones informales que habían escuchado entre el responsable de recursos humanos y su mismo asistente, refiriéndose a Roberto como "el putito", o afirmando que "aunque nos costó más dinero de lo que queríamos, ya no tenemos a un puto en la compañía".
Al verse desempleado, con casi 40 años de edad y una amplia experiencia, Roberto llamó a un asesor externo de la transnacional para que le facilitara contactos con los headhunters o cazadores de cerebros cuya labor es ofrecer a las empresas el trabajo de personas de alto rendimiento-. A esto, la respuesta fue: "Te va a ser muy difícil, ya viste como logró Eulalio Cerda sacarte de Coca-Cola FEMSA por tu preferencia sexual".
La Ley Federal del Trabajo, en sus artículos 3º y 133, sólo prohíbe al empleador establecer distinciones entre los trabajadores o negarse a aceptar a alguno de ellos por motivos de "raza, sexo, edad, credo religioso, doctrina política o condición social". La fracción del Partido Verde Ecologista en la Cámara de Diputados presentó, en octubre pasado, una iniciativa de reforma a esta Ley para que se prohíba también la exclusión por motivos de orientación sexual. Hasta ahora, la iniciativa no ha sido discutida.
Código de ética
Confirmar que su despido y los anteriores obstáculos para su ascenso en la empresa se debieron a su homosexualidad y no a su falta de habilidades fue un alivio, luego de meses de depresión y angustia por dudar de sus propias capacidades. "La razón de impedirme crecer y desarrollarme dentro de la empresa, de negarme los puestos que merecía por mi trabajo y de limitar mi carrera interna fue sólo por mi preferencia sexual", explicó Roberto Mendoza.
Las grandes compañías transnacionales utilizan diversos modelos para su administración, donde el compromiso con la calidad y la excelencia ha sido una de las estrategias más eficientes. Una de las principales estrategias para lograr ese compromiso es hacer sentir a sus empleados como parte esencial de la corporación, lo que desarrolla en ellos un arraigado sentimiento de lealtad y una gran necesidad de la valoración de su trabajo.
Dentro de la lógica de "ponerse la camiseta", Coca-Cola FEMSA se rige por los Códigos de Ética de The Coca-Cola Company, con sede en Atlanta, Estados Unidos. Tal código se basa, según la propia compañía, en los principios de respeto e inclusión de la diversidad, por lo que la empresa se define como "un empleador local, con la responsabilidad de permitir a nuestra gente que desarrolle todo su potencial; trabajando en mayor creatividad y representando la diversidad del mundo al que servimos".
La necesidad de Roberto Mendoza de comunicar su orientación sexual a sus superiores en Coca-Cola FEMSA parte indirectamente del mismo Cogido de Ética, que estipula que sus empleados deben tener cuidado con sus relaciones personales, pues éstas "no deben estar en conflicto (o parecer estar en conflicto) con los intereses de la empresa. Tenga en cuenta que el Código no puede prever específicamente cada posible conflicto (...). Cuando surjan dudas, busque consejo".
Y aunque Mendoza Ralph se apegó al el Código de Ética al comunicar su relación sentimental (con la que lleva cinco años), quien no lo hizo fue Eulalio Cerda, responsable de recursos humanos, quien pasó por alto el artículo IV afirma que "nadie será discriminado por razones de sexo, estado civil, edad, religión, raza, capacidad física, preferencia o clase social". De igual forma, el artículo VII establece que una de las violaciones al Código es "discriminar, intimidar u hostigar a otra persona por causa de raza, color, sexo, edad, origen, creencias, preferencia sexual o capacidad física".
Los lineamientos que rigen al personal de Coca-Cola estipulan que cualquier empleado puede y debe denunciar cualquier violación al código. En caso de que haya duda de si existió una infracción, "las áreas de recursos humanos y de auditoría interna (...) procederán a validar y evaluar la evidencia disponible". Es decir, una de las personas a quienes Roberto Mendoza debía haber reportado la discriminación de la que fue objeto era precisamente quien lo discriminó. Por haber violado el Código de Ética, las sanciones para Eulalio Cerda "podrán ir desde el despido hasta la denuncia penal ante las autoridades competentes".
Acciones legales
La subestimación del trabajo y del potencial laboral que sufrió Roberto Mendoza en Coca-Cola FEMSA, lo llevó a un severo daño psicológico que actualmente busca reparar acudiendo a terapias en el Centro de Atención a Riesgos Victimales y Adicciones (Cariva), dependiente de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF). Mucha de la angustia generada en el afectado se debe a que "estuve encajonado en la industria (refresquera) 16 años, y después de Coca-Cola y Pepsi no hay otra empresa de bebidas que cubra mis expectativas de ingreso".
El daño lo detectó al cabo de unos meses, cuando el "alivio" de saber que lo habían despedido por ser gay se transformó en indignación. "Después de todo, en la empresa pisotearon mis derechos como persona y como empleado. Primero me sacaron de PepsiCo, luego me tuvieron en su empresa seis años y siete meses sacándome provecho y sin dejarme crecer. En este país llegando a los cuarenta años es difícil encontrar chamba."
Tomando en cuenta estos factores, Mendoza Ralph demandó a Coca-Cola FEMSA una indemnización conforme a lo que habría continuado percibiendo como sueldo si la homofobia no le hubiera impedido seguir colaborando en la empresa. Será el juez de lo civil quien determine el monto si es que el afectado gana la demanda.
La primera respuesta que la refresquera ha dado a las autoridades en materia civil es que Roberto nunca trabajó para Coca-Cola FEMSA, pues estaba registrado como empleado de su subsidiaria Refrescos y Aguas Minerales. "Todos sabemos que las empresas organizan ese tipo de subsidiarias para diluir las utilidades y pagar menos impuestos", explicó el afectado.
Mendoza Ralph también se presentó ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), donde interpuso una queja. El organismo visitó a Coca-Cola para exponerle el caso y la compañía, negando todo, se rehusó a recibir las pláticas de sensibilización que Conapred ofrece en estos casos para que la discriminación no se repita. A pesar de esa respuesta negativa, la instancia mantiene abierta la investigación.
Dado que Conapred no tiene la facultad de sancionar los actos discriminatorios, el afectado buscará la vía penal, denunciando por el delito de discriminación, que sí está estipulado en el Código Penal para el Distrito Federal, cuyo artículo 206 establece penas de uno a tres años de prisión a quien por orientación sexual, entre otros motivos, excluya a alguna persona, o bien, le "niegue o restrinja derechos laborales".
Roberto Mendoza sabe que hay una oportunidad para que Coca-Cola FEMSA rectifique o, cuando menos, acepte su error. El comportamiento que la empresa ha mostrado hasta ahora en este caso contraviene los lineamientos generales de The Coca-Cola Company, la cual, incluso, patrocina la Marcha del Orgullo Gay en la ciudad de Atlanta.
En esa localidad, hace seis años, se conformó el grupo de Empleados Gays y Lesbianas de Coca-Cola (Kolage, por sus siglas en inglés), el cual logró que desde 2001 los beneficios que se otorgan a cónyuges de empleados de The Coca-Cola Company se brindaran también a las parejas de hecho de trabajadores y trabajadoras homosexuales. Aunque Kolage es un organismo independiente de la compañía, mantiene una estrecha comunicación con ésta para garantizar un ambiente de respeto y seguridad dentro de la empresa para los empleados con orientaciones no heterosexuales. Este grupo ya tiene conocimiento del caso de Roberto y "de manera informal" respondió a su llamado diciendo que haría llegar el caso a la directora de diversidad de The Coca-Cola Company.
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