A pesar del morbo que avivan las acusaciones de que es objeto su vicepresidente segundo, Omar Chehade, por patrocinio ilegal, soborno, tráfico de influencias, falsedad genérica y otras infracciones, la verdadera noticia de estos días ha sido el mismísimo presidente Ollanta Humala, quien se convirtió en otro mandatario latinoamericano que conserva intacta su popularidad luego de transcurridos los primeros tres meses de su mandato, un período que se caracteriza por ser, o de luna de miel o literalmente abrasivo.
Así lo acreditó una encuesta de la Compañía Peruana de Investigación, que cifró en 58, 7 por ciento el respaldo del pueblo a su gestión, un monto que por cierto es superior en áreas rurales.
Aldo Panfichi, politólogo de la Universidad Católica de Lima, resume así lo que piensan muchos hoy: "Humala está actuando de una manera mucho mejor de la que sus críticos más duros habían pensado”.
¿Cuáles son las claves de tal favoritismo? Contra lo que algún pícaro pudiera imaginar, la conclusión es bien sencilla: su gobierno ha comenzado a cumplir promesas –esas que muchos olvidan pronto--, de ahí que como parte de los programas impulsados por el nuevo Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, según cálculos públicos, de julio a la fecha han sido millonarias las sumas destinadas por la administración de Humala para impulsar planes sociales.
Así, ya exhibe logros en aquellos de apoyo a los necesitados y de protección a los sectores sociales más vulnerables, en la lucha contra la corrupción, y ha resuelto llevar adelante otros tópicos de suma importancia: aumento del salario mínimo y del impuesto a las empresas mineras que tienen grandes ganancias, e incremento del presupuesto nacional para educación y salud. Porque justamente uno de los propósitos centrales del flamante presidente es contribuir a que los peruanos en extrema pobreza puedan acceder a los servicios públicos, en especial la educación y la salud.
Igualmente ya ha sido aprobado un presupuesto de mil 429 millones de soles para otros cinco programas sociales que arrancarán el año venidero. Con esta cifra, dijo el gobernante durante el informe de este primer tramo de su gestión, se espera aumentar el número de hogares que serán atendidos, de 500 mil 55 durante este 2011, a 746 mil 280 en 2012.
A todo lo anterior es justo sumar que la economía y los precios se han mantenido estables.
Luego es natural colegir que la aceptación popular de que goza Humala pudiera continuar en ascenso, en la medida en que mantenga el rumbo seguido hasta ahora.
Con todo, algunos le imputan que no es un gobernante de gran carisma y facilidad de palabra. Tiene un "discreto encanto”, anotó Infolatam. Y el propio exmilitar nacionalista lo acepta de buen grado, de ahí que prácticamente uno de sus lemas sea menos palabra y más acción. "Yo tengo una agenda que cumplir con el pueblo peruano. Estoy concentrado en esa agenda. Lo que no pertenece a esa agenda no merece que le estemos dando importancia”.
Sin embargo no todo ha sido cocer y cantar estos primeros cien días. El terreno ha estado bien movido con motivo de las citadas denuncias contra su vicepresidente, por las protestas campesinas contra empresas mineras (que ya ha dejado incluso varios heridos), y porque ha sido necesario navegar entre otras demandas sociales y presiones de empresarios y del propio mercado.
Pero en general, hasta el oportunista sector empresarial, tan presto a actuar para que ni un pétalo de una rosa toque sus intereses, lejos de enfilarle los cañones, se ha mantenido hasta ahora en una postura sobria. De hecho, Humberto Speziani, presidente de la Confederación de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), ha dicho: "a mí me ha dado confianza lo que ha dicho, ha sido sincero, creo que es una persona muy ética, muy pragmática…lo más importante que dice es que el Perú necesita inversiones, se van a respetar todos los contratos, todo lo actuado, creo que quita muchas dudas e incertidumbres que ha habido”.
Asimismo, con las grandes empresas mineras, un auténtico poder en Perú, pudo el gobierno consensuar la Ley de Regalías Mineras, la del Gravamen Especial a la Minería (GEM), y la que crea el Impuesto Especial a la Minería (IEM), que permitirán ingresos adicionales al Estado por 3 mil millones de soles.
¿Qué se precisan ajustes? –algo dicho en tono de reproche— pues claro. Nadie, dentro ni fuera del país andino olvida, por ejemplo, que otros ejes de cruciales del gobierno son la inclusión y la inseguridad. Y un analista del diario La República puso de su copete lo siguiente: "El gobierno ha estado dedicado a demostrar apertura, flexibilidad, ecumenismo, buenos modales democráticos, cumplimiento de promesas electorales. Ahora va a tener que demostrar también autoridad, decisión, cabeza fría, capacidad de fijar un rumbo y mantenerlo. Estas últimas, cosas que tienen costos en las encuestas de popularidad”.
En fin, que aunque un trimestre es en verdad muy poco tiempo, vale anotar que en ese ínterin Humala y su entorno se han esforzado por impulsar una presidencia donde si bien las palabras han sido muy bien administradas, tal discreción retórica no ha implicado en lo absoluto inercia política. Algo que el Perú del gran crecimiento económico y asimismo de las grandes desigualdades y los grandes bolsones de pobreza, está muy bien.